jueves, julio 16, 2015

Reinicio

Cierto dia tu corazon se detuvo segundos, durante esa pausa olvidaste cincuenta años de historia, de llanto, de mentiras, de heridas; al momento en que tu corazon volvio a latir, te sentiste ligera, abriste tus ojos y viste el sol resplandecer sobre tu piel, brillaste, tu corazon latia con tanta fuerza, la tibieza de la sangre invadio tus piernas y tus brazos, todas las sensaciones te parecieron nuevas, te levantaste con deseos de amar y ser amada, tomaste tus cosas y cruzaste la puerta y saliste en busca de la vida extraviada.

Jaen

Dias lejanos

Me parece casi ajeno el dolor de aquel moribundo, su aroma ya ha inundado mis fosas y sigo esperando por el momento en que las náuseas me sorprendan, este ferrocarril y con este calor es el peor recorrido que pude haber tomado, me ha parecido eterno este viaje y aún no decido a donde iré al llegar a Pueblo Viejo, tengo tanta curiosidad y miedo a la vez, todo seguirá igual, me encontrare con su voz o con esos ojos de los que alguna vez decidí salir corriendo, no lo se, sin embargo extraño ese lugar, pero no estoy segura de querer quedarme ahí , no estoy segura de nada en los últimos años.
Apenas despierto de una siesta incómoda y adolorida aún con los ojos medio borrosos trato de incorporar mis sentidos, el tren ha llegado.
No he avisado de mi llegada por sí decido irme antes de tocar a su puerta, me están sudando las manos como la primera vez que le tuve cerca. Cruzo la salida de la estación, un olor a sangre me persigue es como si brotara de todas partes.
Varios metros más adelante siento tu mirada como aquel día, le busco al rededor y esta ahí sentado frente a aquella ventana , la luz del sol penetra en su piel mostrándome los años perdidos, su mirada tan dolorosa, y sus piernas entumidas por el miedo, la culpa nubla el ambiente, la distancia que me separa de los recuerdos es casi invisible, mi historia se revuelca contra mis sienes y yo con ella, jamás debí de haber regresado.

Avisos de amor

Una tarde le vi, ahí caminado por un túnel del metro, caminaba apasiblemente con su uniforme naranja medio viejo y sucio, su cabeza ya blanca hacia visible su edad, le iba viendo por la espalda, de repente se arrodilló, el podía ver lo que yo hacia tiempo ignoraba, recogió algo que no alcanzaba a detallar , algo redondo, le seguí caminando, avancé unos pasos, voltee la mirada discretamente, el hombre limpiaba con su suéter viejo, pardo y roto una manzana amarilla mordida, la guardo entre sus cosas para comerla más tarde y siguió avanzando, le vi a los ojos, una mirada que dejaba entrever una ternura martillada y sobreviviente a los años, no tenía más de setenta, siguió caminando,  transmitía una cierta tranquilidad como quien acepta la vida con las carencias que le  tocaron desde hacía tiempo ya, más adelante una mujer mayor que el, que vendía dulces de amaranto con un puesto sencillo tirado en el piso le regalo una barra de alegría, y la recibió como si en verdad fuera alegría envuelta en celofán,  agradecido siguió su camino hasta que subió al vagón que lo lleva cada noche a su realidad.